Llegamos a Cafayate
Continuando por la ruta 68, podremos seguir observando formas y figuras que el viento esculpió en las montañas para regocijo de nuestros ojos. Desde la tranquila Salta y, gracias a la ruta pavimentada, podremos disfrutar del ondulante camino y las bellezas naturales que en derredor se encuentran. El viento y la lluvia han dado forma a la piedra de tal manera que antes de llegar al valle de Cafayate podremos observar como nos saluda el hongo, que es la unión de una bocha perfectamente pulida sobre un pequeño, pero macizo tallo natural que conforman un indiscutido champignon.
Para poder llegar al límite del asombro solo nos queda por mirar después de la próxima curva donde asoman los castillos o ventanas. Estamos hablando de pequeñas incisiones en las laderas que simulan habitaciones de enormes palacios colocadas una al lado de la otra, una imagen digna de las mil y una noches.
De igual manera que el hongo se nos presenta en las afueras de Cafayate una piedra que toma la apariencia irrefutable de un enorme sapo, más grande que un auto, pero con una expresión en extremo amigable. Sin duda la naturaleza y su caprichoso comportamiento nos regalan en este viaje arte, magia y asombro. El camino ha perdido altura y una larga recta se transforma en un fértil valle al que se ha bautizado como Cafayate.
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